miércoles, 14 de agosto de 2013

CANCIÓN DE LA PALOMA

La calle de la Paloma conserva su nombre desde el siglo XVII y va desde la de Calatrava hasta la de Ventosa.

En 1624 Juan de Navarrete y Ana de Benavides pidieron que se suspendiera el rompimiento de la calle, hecho por su finca, hasta que se tasasen los perjuicios de la obra se les seguía, pues no se hallaban conformes con la indemnización de 400 ducados que se les mandaba recibir por la parte de la propiedad que quedaba a beneficio del público.

Según cuenta la tradición, en un corral que existía en esta calle, propiedad de las monjas de Santa Juana de Alcalá de Henares, se crió una paloma que acompañaba volando a una efigie de la Virgen de las Maravillas cuando la trasladaron a este concento. Años después, unos muchachos se encontraban jugando con un lienzo con la sagrada imagen, que representaba este suceso.

María Isabel Tintero según unos, la tintera según otros, compro el lienzo por tres o cuatro cuatros, para colocarlo en su portal, donde poco a poco empezó a adquirir notoriedad por los milagros que aquella pintura de la Virgen obraba.
Como nací en la calle de la Paloma,
ese nombre me dieron de niña en broma.
Y como vuelo alegre de calle en calle,
el nombre de Paloma siguen hoy dándome.

Aunque no tengo el cuello tornasolado,
siempre está mi cabello limpio y rizado.
Y aunque mi pobre cuerpo no tiene pluma,
siempre está fresco y blanco como la espuma.

En lo limpita Paloma soy,
y salto y brinco por donde voy,
y a mi nombre de Paloma siempre fiel,
ni tengo garras, ni tengo garras,
ni tengo garras, ni tengo hiel.

En lo limpita Paloma es,
y salta y brinca con gran placer,
y su nombre de Paloma siempre fiel,
ni tiene garras, ni tiene garras,
ni tiene garras, ni tiene hiel.

Como está mi ventana cerca del cielo,
y por él las palomas tienden el vuelo,
cuando veo en mis vidrios que el alba asoma,
tender quisiera el vuelo cual las palomas.

Pero al ver que las venden en el mercado,
y que las pobres mueren en estofado,
digo mitad en serio mitad en broma,
"hay sus inconvenientes en ser paloma."

En lo que arrullo Paloma soy,
que siempre canto por donde voy;
y a mi nombre de Paloma siempre fiel,
busco un palomo, busco un palomo,
busco un palomo, ¿quién será él?

En lo que arrulla Paloma es,
y siempre canta con gran placer;
y su nombre de Paloma siempre fiel,
busca un palomo, busca un palomo,
busca un palomo, ¡dichoso él!
Canción de la Paloma (El Barberillo de Lavapiés)

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El Barberillo de Lavapiés es una zarzuela de tres actos, con texto del dramaturgo Luis Mariano de Larra y música del maestro y compositor Francisco Asenjo Barbieri, fue estrenada el 18 de diciembre de 1874 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Tanto en su título como en algunos otros aspectos constituye una leve parodia de la ópera bufa de RossiniEl barbero de Sevilla”.

Pertenece a un tipo de zarzuelas que mezclaban los asuntos amorosos con la intriga política o pseudohistórica. En este caso, el argumento gira en torno a dos historias de amor, una de plebeyos y otra de nobles, que tienen lugar en Madrid en los días posteriores al Motín de Esquilache (1766).

Así, Barbieri crea un clima de conspiraciones políticas, no exento de una cierta crítica social, en un ambiente castizo y costumbrista donde se desarrollan las desventuras amorosas de los protagonistas. 

Francisco Asenjo Barbieri, nació en Madrid, en 1823. Fue discípulo de Pedro Albéniz, Carnicer, Saldoni y Broca. Su primer gran éxito fue la zarzuela “Gloria y peluca” (1859), primera en una serie de obras que le convertiría en maestro del género. La trilogía compuesta por “Jugar con fuego”, “Pan y toros” y “El barberillo de Lavapiés” es la cumbre de la zarzuela grande. Aunó la técnica de la ópera italiana, especialmente de Rossini, con la música popular y clásica española. Estuvo entre los impulsores de la creación del Teatro de la Zarzuela (1856). Publicó “Cancionero musical de los siglos XV y XVI” (1890), con 459 transcripciones de manuscritos de la biblioteca del Palacio Real. Murió en Madrid, el 17 de febrero de 1894. 

Luis Mariano de Larra, nació en Madrid, en 1830. Trabajó en el Ministerio de Fomento y colaboró en diversas publicaciones de prensa; fue redactor de la Gaceta de Madrid, puesto que abandonó para consagrarse a la literatura. Escribió numerosas comedias; la que obtuvo mayor éxito fue “La oración de la tarde”. También destacó como libretista de zarzuelas, entre ellas, dos con música de Francisco Asenjo Barbieri, “El barberillo de Lavapiés”, que se estrenó en el Teatro de la Zarzuela, el día 18 de diciembre de 1874, y “Chorizos y Polacos”, estrenada en el Teatro Príncipe Alfonso, el 24 de mayo de 1876. Murió en 1901.




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