jueves, 14 de noviembre de 2013

EL RELICARIO

La festividad de San Eugenio es el 15 de noviembre, por eso se dice que es al mismísimo San Eugenio a quien se debe la autorización para recoger bellotas en el monte de El Pardo.

Se cuenta que un 15 de noviembre Felipe IV se perdió persiguiendo un jabalí mientras estaba cazando en el monte de El Pardo. Entonces se encontró con un hombre al que vio cómo robaba bellotas de una encina cercana. Cuando el rey le preguntó qué hacía, el hombre contestó que se veía obligado a robar las bellotas para poder dar de comer a su familia porque el Conde Duque de Olivares era muy ambicioso y administraba muy mal el Estado. En ese momento llegó el citado Conde con su esposa en busca del rey. El hombre al enterarse de a quien estaba hablando pidió piedad al Monarca. El Rey le dio unas monedas y le dejó marchar. Y en recuerdo de aquel suceso, el rey concedió a los madrileños que cada 15 de noviembre pudieran ir al Pardo a recoger las bellotas que pudieran cargar.

La romería en honor a este santo tan popular en El Pardo estuvo durante muchos años desaparecida, y fue recuperada en 1994 gracias al entonces concejal José Gabriel Astillo y a las distintas agrupaciones castizas y grupos folclóricos madrileños. 


El día de San Eugenio
yendo hacia el Pardo le conocí,
era el torero de más tronío
y el más castizo de to’ Madrid.

Iba en calesa
pidiendo guerra
y yo al mirarle
me estremecí.

Y él al notarlo, saltó del coche
y muy garboso vino hacia mí.
Tiro la capa con gesto altivo
y descubriéndose me dijo así:

Pisa morena, pisa con garbo
que un relicario
que un relicario me voy hacer.
Con el trocito de mi capote
que haya pisado
que haya pisado tan lindo pie.

Un lunes abrileño el toreaba
y a verle fui.
Nunca lo hiciera que aquella tarde
¡Qué sentimiento, Creí morir!

Al dar un lance,
cayo en la arena,
se sintió herido,
miró hacia mí.

Y un relicario saco del pecho
que yo enseguida reconocí.
Cuando el torero caía inerte
en su delirio decía así:

Pisa morena, pisa con garbo
que un relicario
que un relicario me voy hacer.
Con el trocito de mi capote
que haya pisado
que haya pisado tan lindo pie.
El Relicario (José Padilla)
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www.museosorolla.mcu.es
Raquel Meller (Francisca (Paca) Marqués López), fu una cantante, cupletista y actriz que nació en Tarazona (Zaragoza) en 1888 y murió en Barcelona en 1962. Durante la década de los años 20 y 30 del pasado siglo fue la artista española de mayor éxito internacional.

Fue criada en Francia por una tía materna hasta que se volvió a reunir con su familia en Poble Sec (barrio de Barcelona), donde trabajó en trabajó en un taller de confección y tuvo el placer de conocer a la célebre cantante Marta Oliver, quien le advirtió de su talento vocal.

Bajo la mano de Marta Oliver, Raquel Meller debutó en el salón La Gran Peña en febrero de 1908 bajo el nombre de La Bella Raquel. Poco después cambió definitivamente su nombre a Raquel Meller, con apellido de sonido alemán, al parecer en recuerdo de un amor de dicha nacionalidad.

En 1911 Raquel hace su gran debut en el Teatro Arnau de Barcelona. Fue en esa época en donde cantó La Violetera y El Relicario canciones compuestas por José Padilla que la hicieron famosísima.
En 1922, Raquel Meller celebró sus primeros triunfos en Francia, Argentina, Uruguay y Chile, consiguiendo en 1926 una gran gira por los Estados Unido. En este año dio su primer paso en su carrera cinematográfica con éxitos como Violetas imperiales (1923) y Carmen (1926), todavía cine nudo.

Hacia 1930, Raquel Meller atrajo la atención de Charlie Chaplin, quien le ofreció interpretar un papel principal en su película Luces de la Ciudad (City Lights, 1931), sin éxito. Chaplin sí incorporó la melodía de la canción La Violetera como tema principal en esta película, omitiendo la autoría del maestro Padilla.

En 1932 rodó una segunda versión de Violetas imperiales para el cine sonoro, y en 1936 comenzó con el rodaje de Lola la de Triana, cuya producción fue interrumpida por la Guerra Civil Española.

Durante la década de los años 30 Raquel Meller residió en Francia, disfrutando de su celebridad. Superó en popularidad e ingresos durante varios años a estrellas como Carlos Gardel o Maurice Chevalier. Su voz, belleza, elegancia, grandes ojos negros y su talento como cupletista le garantizaban el estrellato. Admiradores como la propia Sarah Bernhardt.

En 1937  viajó a Argentina, donde permaneció hasta 1939. Después de la Guerra Civil volvió a Barcelona, logrando de nuevo la popularidad con la obra teatral La Violetera.

Durante los años siguientes, poco a poco, Raquel Meller se quedó sola y medio olvidada en Barcelona. Poco después del estreno de las películas El Último Cuplé (1957) y La Violetera (1958) con Sara Montiel, en donde se cantaron los éxitos de su tiempo de gloria, Raquel trató de recuperar su fama de estrella, pero fracasó, ya que nadie se acordaba de ella.

En 1962, cuando llevaba algún tiempo alejada del espectáculo, sufrió una caída que agravó su enfermedad coronaria, hasta su fallecimiento en julio del mismo año.

               http://es.wikipedia.org/wiki/Raquel_Meller