Discípulas de caco somos las carteristas, y atrapando carteras somos unas artistas. Quitamos las carteras cuando se pone el sol, y hoy le hemos afanado la suya a un español.
¿Qué contendrá? Venid aquí, un pasaporte, dice así:
“Aniceto Retortillo, de la calle del Bastero. Treinta años, pelirrubio y de oficio cangrejero. Por las huellas digitales no es difícil que adivine, que de fijo este andóbales ¿Qué? ¡Ay mi madre! Es un hacha por los cines.
¿Me queréis ustedes ayudar a buscarlo? ¿Está entre ustedes? ¡Tengo la seguridad de que está aquí! Si hombre, míralo en aquella butaca. ¡No te escondas!
¡Retortillo!, ¡Retortillo! No te escondas que te pillo. Óigame, acomodador, traiga usted a Retortillo. ¡Retortillo!, ¡Retortillo! Tráigalo, tráigalo.
Aquí tiene en la cartera un retrato de Ganzúa y un billete del tranvía que además es capicúa, 4 ó 5 papeletas que las tiene sin renovar, y además tiene un mina ¿Qué? ¡Ay, qué timo! Una mina para borrar
Oye rico, ¿para qué tienes esto? ¿Es que eres dibujante? Salgamos de dudas, monín No, hombre, ¡no! Este tío es artrítico
¡Retortillo!, ¡Retortillo! No te escondas que te pillo. Óigame, acomodador, traiga usted a Retortillo. ¡Retortillo!, ¡Retortillo! Tráigalo, tráigalo.
¿Quieren ustedes hacer el favor de buscarlo conmigo? Venga, venga
¡Retortillo!, ¡Retortillo! No te escondas que te pillo. Óigame, acomodador, traiga usted a Retortillo. ¡Retortillo!, ¡Retortillo! Tráigalo, tráigalo.